Este homenaje es para mi madre

Os traemos una historia muy especial. Hoy una hija quiere agradecer a su madre no sólo las preciosidades que le ha cosido a mano, sino también su apoyo a lo largo de la vida. A nosotras nos ha emocionado mucho, esperamos que os guste. Si queréis participar aquí os decimos cómo. Os dejamos con la historia, y gracias a Leticia Jiménez por compartirla!

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Este homenaje es para mi madre. Una mujer llena de virtudes, de buenos sentimientos y con un corazón enorme. Una mujer que nunca mira ni se preocupa de ella, pues su único objetivo es la felicidad de los que le rodean.

Por eso quiero hacerle este homenaje, para que deje de ser la actriz secundaria de la película  y empiece a ser la protagonista que merece ser y brille con esa luz tan especial que solo ella tiene.

Mi madre se llama Maria Jesús San Rafael, pero todo el mundo la conoce como Chechus. Siendo muy pequeña mi abuela y las vecinas le enseñaron a coser, hacer punto , bordar, hacer punto de cruz….y con apenas trece años empezó a trabajar en un taller de costura. Fueron muchos los años que estuvo trabajando en este taller, hasta que fue madre de su segunda hija, momento en el que decidió dejar de trabajar en el taller para dedicarse por completo a su familia. Pero aunque dejó de trabajar en el taller, nunca dejó de hacer labores. Y siempre nos estaba haciendo chaquetas, jerséis, vestidos, faldas…¡hasta varios trajes de baturra nos hizo!

Aunque son infinitos los modelitos que tengo de mi madre, sin duda, las creaciones mas especiales que tengo de ella son las que me hizo para mi boda. Recuerdo el día en el que me dijo que si me quería casar con velo, me lo haría ella a bolillo. Todavía no tenia planes de boda, pero me pareció una idea genial. Al poco tiempo fuimos a una tienda a comprar el tul. Me gustó uno blanco roto, muy fino y bonito. Luego en casa me enseñó un montón de cartulinas con distintos tipos de puntillas y elegí una de ellas. A los pocos días, allí estaba la mujer sin levantar la vista del mundillo haciendo aquella puntilla. Un año tardó en hacerlo. Durante ese año casi todos los días hacia un trocito y, estuviera enferma o sana, ella allí estaba, haciendo el velo a su hija. Cuando lo terminó, lo expuso en una feria de bolillo de la ciudad y se lo quisieron comprar por un dineral, pero ella se negó en rotundo, el velo era para su hija y eso no tenia precio. Para mi tampoco tiene precio, la verdad, no solo por lo bonito que es y la calidad que tiene, sino porque me lo ha hecho la mujer mas maravillosa del mundo, mi madre.

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Pero no solo me hizo aquel velo, también me hizo este abanico de seda a bolillo con varillas de Palo Santo.

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Tal era la dedicación de mi madre, que le dió tiempo también a hacer el cojín para llevar  los anillos, varias ligas, un pañuelo y……¡hasta mi ropa interior! Aunque esto ultimo ya no lo puedo enseñar, jiji.

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Como veis, tiene un talento innato, un gusto exquisito y una total dedicación a sus seres queridos. Por eso mamá quiero darte las gracias por todo tu apoyo durante los preparativos de la boda, porque siempre estuviste ahí, dándome buenos consejos, aguantando mis nervios y haciéndome estas cosas tan bonitas. Eres buena hija, buena esposa y para mi… ¡¡ La mejor madre del mundo!!

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Homenaje a mi abuela: El vestido de la muñeca Gisela

Volvemos con un homenaje precioso en el que se mezclan madres, hijas, abuelas, bisabuelas… Os lo dejamos para que disfrutéis:

Este homenaje es para mi abuela y mi bisabuela. Se podrían decir mil cosas de todo lo que cosieron a lo largo de su vida. Junto a mi madre, quiero mostraros algo que tiene un gran valor sentimental. Es el traje que le hicieron a Gisela, la muñeca que los Reyes Magos le dejaron a mi madre en 1957, cuando no tenía más que 4 años. Va vestida de pasiega porque su tío, el que escribió la carta para que le trajeran una muñeca en casa de la bisabuela, trabajaba entonces en Santander.

Gisela grande

En la foto no se aprecia, pero tenía azabaches en el delantal y zapatos de charol. Al natural debía ser precioso.

El trabajo fue complicado porque ambas mujeres tenían que esperar a los pocos ratos en los que se quedaban solas. Aprovechaban cuando los peques (por aquel entonces eran tres niños y una niña) se iban a la Novena del Niño Jesús  pero hacía tanto frío que volvían a casa en cuanto podían y ni las “sugerencias” de mi abuela para que se fueran a ver escaparates de juguetes funcionaban, ¡Se sabían de memoria todo lo que había en las dos únicas jugueterías de la ciudad!

Mi madre todavía recuerda ese día de Reyes como el mejor en mucho tiempo. La ilusión fue tremenda, ¡no sólo estaba Gisela sino también una silleta para la muñeca!

Gisela silleta

 Aquí la veis 3 años después, con 7 años, y tanto la muñeca como el vestido seguían perfectos. El vestido que lleva mi madre también se lo hizo mi abuela.

Gisela Ana

Nos imaginamos los nervios, la ilusión y el esfuerzo que pusieron mi abuela y mi bisabuela para hacer este vestido y sobre todo ¡terminarlo a tiempo a pesar de todos los inconvenientes! Desde luego triunfaron porque la emoción de esa niña de 4 años todavía se recuerda.

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Si queréis participar en este homenaje a cualquier persona que haya hecho ropa a mano aquí podéis ver cómo hacerlo

Mi abuela: María Rodriguez

Empezamos con los homenajes a las personas que nos hicieron ropas preciosas y a mano. Este post viene desde Galicia y es el agradecimiento de una nieta a su abuela. Si queréis participar aquí os contábamos cómo. Estamos muy contentas de vuestra respuesta. Tenéis que leer la historia hasta el final, es preciosa:

Mi abuela se llama María Rodríguez, Maruja, y  vive en un pequeño pueblo de Ourense llamado Piedrafita. Durante toda su vida ha cosido y se ha encargado de confeccionar la ropa para la familia.

Creo que nunca valoré en su justa medida el increíble trabajo que eso supone hasta el día que le pedí que me enseñara a ganchillar. No era mi primer intento. Con 15 años intenté aprender a calcetar y mi abuela me enseñó un verano. Pero después de media bufanda, mil puntos perdidos e infinitos  agujeros, lo dejé. Ahora con 31 años decidí volver a intentarlo y otra vez la misma pregunta ¿abuela, me enseñas a ganchillar? Mi abuela me responde que sí, pero que sus dedos ya no están igual de hábiles que antes y que ya le cuesta hacer estas labores. Después de media hora intentando aprender a ganchillar empecé a cuestionarme qué manos son las que no sirven para estas labores. Con una destreza que sólo las mujeres que llevan toda la vida tejiendo, calcetando o ganchillando tienen, encadenaba punto tras punto, dibujaba flores, contestaba a mis preguntas, deshacía puntos para enseñarme cómo se hacían otra vez  y así hasta que fui capaz de hacer mi primera cadeneta.

Viendo como ganchilla me cuesta creer que algún día fue ella la que le pidió a alguien que le enseñara. La encargada de tal tarea se llamaba Gloria. Su familia tenía una finca al lado de la casa donde vivía. Todas las mujeres del pueblo se reunían allí para ganchillar por las tardes, sobre todo en invierno, porque daba el sol toda la tarde. Lo más increíble de esta maestra es que le faltaba uno de los brazos debido a un accidente de caza ¿os imagináis bordar, ganchillar o tejer sin un brazo? Yo desde luego no! Mi abuela, que por entonces tenía 14 años se unía a ellas para que le enseñaran y después se quedaba por las noches practicando a la luz de un candil.

Pero mis bisabuelos querían que mi abuela fuera maestra y para ello la enviaron a O Castro, un pueblo cercano para que le dieran clases. Para llegar allí tenía que caminar todos los días 12km. Con 20 años se cansó de ir y venir y decidió abandonar las clases. Fue entonces cuando decidieron que debía aprender a coser como su hermana mayor, Sabina. Para ello la enviaron a otro pueblo que se llama A Teixeira y que está a 3km para que Marciana, que así se llamaba su maestra, le enseñara a coser. También le compraron una máquina de coser, carísimas en aquella época, pero que sabían que merecía la pena el esfuerzo porque era una inversión para toda la vida.

La máquina de coser que querían comprar era un modelo que ya le habían comprado a Sabina y que les gustaba porque se podía esconder la máquina y así convertirla en un mueble. Pero ya no la encontraron. En su lugar compraron esta:

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Y con esta máquina, que 50 años después sigue cosiendo igual de bien, mi abuela ha confeccionado y arreglado la ropa de toda su familia, conciliando todo ello con el trabajo dentro y fuera de casa.

Sus primeros modelos, sus hijos. Estos son mi tío Pepe y mi madre Celsa. Mi madre lleva en las dos fotos vestidos hechos por mi abuela. ¿Preciosos verdad?

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También realizaba todo tipo de prendas de punto. Para muestra este vestido azul y el abrigo blanco que mi madre llevó en el bautizo de mi hermano:

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Y llegamos los nietos. Si me pidieran que eligiese una prenda que me marco de pequeña elegiría sin lugar a dudas los gorros de punto y los jerséis. Siempre recordaré los gorros por los enormes pompones que tenían en la parte de arriba. Por desgracia no guardo ninguna foto. Pero sí de los jerséis:                                             escanear0006 escanear0004

En las fotos no se pueden apreciar los dibujos que mi abuela se inventaba para hacer los jerséis más divertidos y sobre todo únicos. También nos hacía vestidos increíbles. Este me encantaba (se nota ¿verdad?):

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Este vestido tiene el cuerpo de ganchillo y falda peplum! Sí señoras! Mi abuela de pequeña me hacía vestidos peplum! Otros vestidos que nos encantaban a mi hermana y a mí son estos vestidos azules con cuerpo bordado:

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Puedo subir infinitas fotos de vestidos, jerséis, bufandas…. pero ninguna de ellas le haría verdadera justicia al trabajo de mi abuela:

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He elegido esta foto porque está con mi bisabuela, dos mujeres increíbles que espero que este post sirva para rendirles un pequeño homenaje y darles las gracias por todo su trabajo y dedicación a lo largo de tantos años. GRACIAS

Homenaje a quien te hizo esa ropa tan bonita

Desde hace tiempo venimos dándole vueltas a un proyecto que nos hace mucha ilusión. En nuestro afán por poner en valor el trabajo costurero que han llevado a cabo abuelas, tías, madres… (también sabemos del caso de un abuelo, por qué no) queremos hacerles un homenaje a través de este pequeño espacio. Pero necesitamos vuestra ayuda. ¿Qué os parecería que apareciera en el blog ese jersey que os hizo vuestra abuela y que guardáis con tanto cariño? ¿o el vestido de comunión que os hizo sentir tan especiales? ¿o tal vez tenéis fotos de los patucos que os tejieron al nacer?

Homenaje

Todo lo que se haya cosido o tejido a mano entra en esta propuesta, no importa si es más o menos elaborado, porque todo ha llevado su trabajo y seguro que se hizo con mucho cariño. Nos podéis enviar fotos y un texto que las explique, contándonos quién hizo esa prenda, cómo empezó a coser… lo que se os ocurra. Iremos publicando todo lo que nos mandéis.

Podéis contactar con nosotras a través del blog en la pestaña Contactar o enviarnos directamente un email a la dirección costuraartesana.alo@gmail.com. Esperamos que os animéis para que todo el mundo pueda conocer el arte que hay en vuestra familia!